De forma implícita o explícita, con actitudes y aún sin que medie la palabra, l@s docentes transmiten sus propias, perspectivas, ideas, emociones y prejuicios acerca de la sexualidad a través de las relaciones que establecen con sus alumnos y alumnas. Transmiten imágenes relativas a la sexualidad cuando, por ejemplo alientan, conductas disímiles para hombres y para mujeres. Forman también al emitir comentarios acerca de lo que significa ser madre o padre y forman cuando contribuyen al silencio pedagógico al asumir y/u ocultar situaciones de abuso sexual que pueden surgir en la escuela o en el ámbito familiar de quienes concurren a ella.

Las familias tienen también un papel muy relevante y una responsabilidad innegable en la formación de los hij@s en los aspectos relativos a su sexualidad. Las actitudes y los comportamientos que se consideran apropiados para mujeres y hombres son normas aprendidas y construidas socialmente y especialmente en el entorno familiar. Varían entre distintos entornos locales e interactuan con factores políticos, socioeconómicos, culturales y religiosos.

A muy temprana edad niños y niñas asimilan mensajes sobre cómo deben comportarse o pensar y comiezan a establecer expectativas divergentes_que muchas veces conllevan a la discriminación y a la violencia_ respecto a sí mismos y a otras personas en tanto mujeres u hombres. La reproducción de los estereotipos de género crea sustanciales presiones sobre ell@s, origina inseguridad y l@s impulsa a ejercer prácticas que frecuentemente, ponen en riesgo su salud en general y su salud sexual en particular.

Las barreras de acceso a la educación sexual, a la información, a la salud sexual y reproductiva ubica a las personas, especialmente a las niñas y adolescentes frente a un mayor riesgo de sufrir violencia de género, inluida la violencia sexual.

Es claro que la educación sexual constituye una tarea que no sólo atañe a la escuela, pero tampoco resulta una tarea exclusiva de las familias. Esta formación se produce en diversos ámbitos y a lo largo de toda la vida de variadas formas. No obstante, es la escuela el espacio en el que se transmiten valores, conocimientos e información con mayor sistematicidad durante la infancia y la adolescencia, ya que es en la escuela donde chicos y chicas pasan la mayor parte del día y donde comparten su crecimiento con docentes, otras personas que con alguna autoridad transmiten conocimientos socialmente significativos y con sus pares.

La educación Sexual Integral es un derecho de niños, niñas y adolescentes pero es también una política educativa imprescindible para que ell@s puedan desarrollarse con afectividad, libre de estereotipos de género, cuidando su cuerpo y su salud, y respetando la diversidad que alberga a todas las personas. UNFPA acompaña apoya la implementación de la Educación Sexual Integral mediante el acompañamiento al Programa ESI que capacita a docentes y estudiantes de profesorado de los tres niveles y directiv@s de escuelas de todo el país, para que la ESI llegue a las 45 mil escuelas de la Argentina.

 

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