El poder opera dentro de las culturas, algunas veces de manera explícita y en otras se oculta en las estructuras de gobierno y en las leyes y también se cristaliza en las percepciones que las personas tienen de sí mismas. Son las relaciones de poder el factor que convoca, construye y moldea la dinámica de género y lo hacen por debajo de toda justificación y manera en que las culturas interactúan y se manifiestan.

La lucha cultural siempre es transversal a los adelantos que se conquistan en cuanto a la igualdad entre hombres y mujeres. En América Latina, y particularmente en Argentina las mujeres han logrado que la violencia por motivos de género sea visible al lograr que se legisle contra ella. Sin embargo, algunas prácticas continúan existiendo pese a que las leyes las prohíban y en algunos casos las mujeres se suman a quienes perpetúan esas prácticas.

El enfoque que aplica el UNFPA a la programación para ampliar los medios de acción de la mujer y promover la igualdad de género integra los derechos humanos, la incorporación de actividades desde la perspectiva de género y desde una mirada intercultural alentando el cambio en el interior de cara a  la transformación social y cultural.

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Al promover la igualdad de género, se avanzará en el apoyo a la juventud, especialmente a las mujeres y niñas, en el acceso del más alto nivel posible de salud sexual y reproductiva.

La creación de un entorno sociocultural igualitario implica involucrar a los hombres como socios y agentes de cambio.

Un enfoque trasformador de género ofrece una mayor posibilidad de garantizar cambios sostenibles.

 

 

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